OHLAB – Can Bordoy Hotel en Palma de Mallorca

09_CAN-BORDOY1

Despacho: OHLAB
Categoría: Premio A+ al mejor proyecto de Arquitectura Hotelera y Restauración
Proyecto: Can Bordoy Hotel en Palma de Mallorca

 

Descripción del proyecto

 

Can Bordoy -Grand House & Garden- es un pequeño hotel de sólo 24 habitaciones con un magnífico jardín con piscina, spa y terraza panorámica, situado en la Lonja, el corazón del centro histórico de Palma de Mallorca. Se trata de una reforma integral de una edificación abandonada de 2500 m2 que ha sido muy intervenida a lo largo de sus más de 500 años de historia. El proyecto de reforma integral de arquitectura e interiorismo del conjunto ha sido llevado a cabo por el estudio OHLAB dirigido por los arquitectos Paloma Hernaiz y Jaime Oliver.

Uno de los elementos más característicos de la propiedad es su jardín, no sólo por su tamaño en una zona tan colmatada de la ciudad, siendo el jardín privado más grande de la Lonja, sino por la riqueza y antigüedad de la vegetación existente -que cuenta con espectaculares almeces (lledoners), jacarandas y cítricos entre otros así como por los pájaros que habitan en él. El jardín junto con el patio interior de la casa y la azotea con vistas panorámicas sobre la ciudad suma un total de casi 1000 m2 de espacios exteriores. Una de las actuaciones más importantes del proyecto ha sido abrir las puertas del jardín, hasta ahora desconocido por la mayoría, a la ciudad y darle visibilidad desde el patio de entrada y la calle de acceso. Gracias al nuevo uso del edificio se puede visitar la mayor parte del jardín a través de la terraza abierta de la cafetería. El programa propuesto es más propio de una casa que de un hotel. Así, más que la recepción de un hotel el cliente se encuentra con el recibidor de una casa, en lugar del restaurante encontramos un comedor residencial, las habitaciones y salones son las propias de una casa antigua, etc. Durante tres años se ha trabajado intensamente en un proyecto muy respetuoso con las preexistencias, honesto con la historia, pero también con los elementos contemporáneos que se han tenido que incorporar para su nuevo uso. El proyecto mantiene cuidadosamente el ambiente romántico y decadente encontrado en el edificio y contrastarlo con las intervenciones y elementos de diferentes épocas. Can Bordoy es una casa que ha sufrido muchas reformas a lo largo de su historia. No se trata de un edificio noble que ha seguido fielmente las tradiciones históricas de su época sino todo lo contrario, estamos ante una casa que ha pasado por muchas manos, con intervenciones variadas y agresivas a menudo incumpliendo los convencionalismos culturales e históricos de su época. El proyecto llevado a cabo por OHLAB es una intervención respetuosa con ese mestizaje arquitectónico, que ha procurado mantener las trazas del pasado y evitar una falsa recuperación de un pasado glorioso que la casa nunca tuvo.

Inspirado en los principios de la técnica tradicional japonesa de Kintsugi -consistente en el arte de reparar porcelana milenaria rota con un material precioso, como el polvo de oro, y obtener así una pieza reparada que no esconde la fractura, sino que la muestra y la celebra y cuyo resultado es una pieza que puede tener incluso más valor que la cerámica antes de romperse- se ha buscado un proyecto que no pretende esconder el heterodoxo eclecticismo de la edificación existente, sino todo lo contrario: celebrar las diferentes capas de historia y remarcar con claridad las nuevas intervenciones que han sido necesarias para dar a la casa su nuevo uso.

El primer paso fue analizar las diferentes fases constructivas de la edificación, seleccionar y proteger los elementos más destacados para su protección, restaurar, reponer y completar las partes que faltaban originales de las diferentes épocas. Se ha utilizado una paleta de materiales sencilla y respetuosa con la construcción existente como morteros de cal, enlucidos tradicionales de estuco, piedras nobles, etc. También se han intervenido elementos antiguos para incorporar instalaciones y estructura de forma integrada en la edificación dónde ha sido posible. Para esta fase se ha realizado un delicado trabajo de restauración siempre intentando respetar la pátina del paso del tiempo.

Posteriormente se identificaron los elementos necesarios para proporcionar el nuevo uso de hotel y abrir la casa y el jardín a la ciudad. Para ello se diseñaron una serie de estrategias arquitectónicas que se desarrollan por todo el edificio como una colección de intervenciones contemporáneas distintivas en diálogo con el edificio existente. En la planta baja un corredor verde de vegetación invade los comedores conectando el jardín con el patio de entrada y con la calle. En la entrada un fino espejo, deformado por la estructura de una escalera imposible de reproducir hoy en día, refuerza la estructura y enmarca al nuevo usuario como nuevo protagonista efímero de la casa. En el recibidor, un techo de espejo camufla las instalaciones y duplica la altura del bar y del terciopelo que lo envuelve. En el patio de la escalera, el lucernario cenital se inunda de agua convirtiéndose en una pequeña piscina con el fondo transparente que crea un juego de luces a través del agua inundando de reflexiones cáusticas toda la escalera. El nuevo tramo que faltaba para conectar la última planta se realiza en estructura metálica forrada de espejo de forma que desaparece en su exterior duplicando los reflejos cáusticos por el hueco de la escalera mientras que el interior de la escalera se acaba con una cálida y robusta modera de nogal. En el suelo del patio de escalera un vidrio circular incrustado en el forjado conecta con el spa situado en el sótano y permite ver directamente el cielo desde el spa a través del plano de agua de la cubierta. Una serie de grandes cortinas de terciopelo camuflan los nuevos baños de las habitaciones creando un juego escenográfico donde el baño pasa a ser escenario de la habitación y donde en lugar de esconder este nuevo elemento, se celebra su uso y su irrupción como elemento nuevo. Paredes de espejo esconden otras veces elementos sanitarios como inodoros y duchas devolviendo con el reflejo el tamaño que estos elementos han robado y por otro lado enfatizando la contemporaneidad de estos nuevos usos. Estas son algunas de las estrategias que posibilitan el nuevo uso de la casa y dialogan con la historia del edificio, pero es necesario visitar el edificio para descubrirlas y las conexiones que se establecen entre ellas.

El mobiliario es una parte muy importante del proyecto. El eclecticismo de la arquitectura se refleja en la selección de mobiliario con piezas de muy diferentes épocas y orígenes. En Can Bordoy encontramos piezas antiguas que OHLAB junto con la propiedad han ido recopilando para este proyecto durante más de dos años de búsqueda por anticuarios de Europa -traídas de París, Copenhague, Estocolmo, Estambul, etc.- combinadas con piezas de diferentes anticuarios de Mallorca, piezas artesanales de la isla como las lámparas de Gordiola, también elementos encontrados en la propia casa existente, así como algunos del nuevo propietario. Estas piezas de anticuario conviven con muebles contemporáneos (GTV Thonet, Baxter, Moroso, Artemide, Norr, Santa & Cole, Flos etc.) cuidadosamente seleccionados y con mobiliario diseñado por OHLAB específicamente para Can Bordoy.

Entre el mobiliario diseñado por OHLAB destaca una colección de camas y bares para todas las habitaciones. La cama, con sus mesitas y cabeceros acabados en madera de nogal y terciopelo, y equipada con lámparas y pulsadores de latón envejecido, configura un espacio delicado y recogido en si mismo que contrasta con la textura basta e inacabada de las paredes y techos existentes. El bar, presente en todas las habitaciones en diferentes modelos, es otro delicado elemento de confort que integra un mueble bar, nevera, almacenamiento para snacks, escritorio extensible, iluminación exterior y un equipo de sonido incorporado Audio Pro con una placa de control diseñada a medida en latón envejecido de muy fácil uso. Cuadros clásicos cuelgan por toda la casa combinados con una colección creada por el artista Pedro Oliver adhoc para Can Bordoy. Por un lado, una serie de óleos sobre tela de gran tamaño donde el artista juega con trazos personales y decididos superpuestos sobre texturas clásicas reminiscentes de la historia de la casa. Se trata de telas preparadas para ir colgadas directamente sobre las paredes sin marco ni bastidor, con un aspecto espontáneo de pieza improvisada e inacabada, pero encerrando una rica complejidad de matices y volúmenes. Por otro lado, una serie de dibujos coloristas sobre reproducciones de grabados de plantas hacen referencia a la riqueza del jardín. Por último, una carpeta de obra gráfica con estudios sobre el trabajo para Can Bordoy completa el trabajo.

En los cimientos del edificio se encuentra el Spa Dornbracht Point of Experience. Rodeado de muros originales de piedra del S. XII, refuerzos estructurales brutalistas de hormigón visto, y delicados revestimientos de piedra natural empieza un viaje de sensaciones de agua a diferentes temperaturas siguiendo las milenarias tradiciones mediterráneas de los baños. El Spa incluye una zona de baños que incluye diferentes experiencias de agua, cabinas de masajes y, en el jardín, una cabina exterior.